Juntando letras

El Taxista y la Sirena

Ahora te dedicas a dar abrazos con miedo,
tirar besos al aire.
Te enamoras de las chicas en el parque
y les prometes que serás su taxista por este gran mundo.

Y mientras, yo no paro de robar minutos al despertador,
para estar con él.

Siento que los meses se escurren como los peces de tu gran acuario.
Desde donde yo estoy, solo veo nuestras piernas revueltas.
Los besos al aire.

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El fuego amigo

Ya no habrá trincheras donde ocultarse,
ya no habrá bengalas con que iluminar,

ni habrá balas perdidas para esquivar,
ni habrá cuerpos a tierra para descansar.

Si ya no quedan fuerzas para luchar,
nos daremos la espalda para escapar. 

No encontrará la sangre por dónde brotar
y del fuego amigo no se hablará más.

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El Maniatado

Allí me lo encontré, atado de pies y manos
por cuerdas que fueron lazos, atado de pies y manos.

Mudo, se había quedado mudo.
Mudo, se había quedado mudo.

Y cada día contaba un poco y callaba el resto.
Y el resto de hoy lo juntó con el de mañana
y lo guardó todo en un saco junto a las cosas rotas.
Se lo colgó al hombro, pero el peso le hizo temblar.
Y yo quería estar allí, para alargar mis brazos.

Mudo, se había quedado mudo.
Mudo, se había quedado mudo.
Y cada día contaba un poco y callaba el resto

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Descosiendo y cantando

Ella cose sin dejar de cantar
y él miraba sin poder respirar,
ya sabía que tocaba el final.

Hilvanaba con un fino torzal
y guardaba entre seda y dedal
los jirones y retales de más.

Dos pespuntes y cerrar el ojal,
remallando todo el borde al final.
En su pecho un zurcido fatal,
con dos dedos anudaba el final.

Y ahora cose en algún otro lugar
con un hilo, una alpaca especial,
un buen traje a su nuevo galán.
Y él viajaba de este mundo a ultramar.

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La fondista

Hoy ha empezado a correr
con sus nuevos pulmones, con sus viejos pies.
Atravesando las calles, llorando en las cuestas,
gritando al caer.

Te saludó con la mano y te dijo que hoy te llamaba
y reíste al verla y pensaste: “Lo ha vuelto a intentar”.
Pasó frente a la casa de un viejo amante y
cogió mucho aire y gritó: “¡Me engañaste, lo sé!”

Hoy ha empezado a correr
con sus nuevos pulmones, con sus viejos pies.
Atravesando las calles, llorando en las cuestas,
gritando al caer.

Y de reojo buscaba entre casas un nuevo hogar,
al que pueda llevar su maleta y su olla de asar.
Y en la última calle él había escrito que aún la quería,
pero ella no lo vio,
pero ella no lo vio.

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La culpable

Las ventanas de mi calle están empezando hablar,
enfurecidas se baten y me miran al pasar.
Lo has hecho otra vez, lo has hecho otra vez.
Y yo sin mirar, sin mirar atrás.

Los árboles de mi calle se han puesto a murmurar,
me golpean con sus ramas y me gritan al pasar.
Lo has hecho otra vez, lo has hecho otra vez.
Y yo sin mirar, sin mirar atrás.

Las baldosas de la acera no paran de molestar,
salpican el agua afuera, cuando las voy a pisar.
Lo has hecho otra vez, lo has hecho otra vez.
Y yo sin mirar, sin mirar atrás.

Y mis vecinos fantasma han vuelto a aparecer,
me vigilan cuando entro y escriben en la pared.
Lo has hecho otra vez, lo has hecho otra vez.
Y yo sin mirar, sin mirar atrás.

Me di la vuelta y grité: ¡Y a vosotros, qué!

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Crujidos

Una tarde, de repente oyó un primer crujido,
llegaba desde sus pies.
Un día más, un crujido más.

Como estaba hecha a trozos,
las piezas empezaron a desencajar.

Hasta que una triste tarde la pudieron encontrar,
mirándose las manos, mirándose los pies.

Le oían decir: “Zapatos de tacón, no mamá, no. Zapatos de tacón,no”.

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San Cristobal

Julio nos despertó de un invierno pegado a la piel
y nos trajo el calor al volver.
Largas noches en vela y un cielo empeñado en llover,
nos dejó el corazón sin cuartel.

Y ahora sé que un día veré San Cristóbal de nuevo a tus pies.
Volveremos a recuperar nuestras noches robadas al mar.
Mil luciérnagas nos bailarán.

Condujimos de noche y oí susurrante tu voz:
“No te vayas del todo mi amor”.
Porque sabes que el tiempo es más tuyo que mío y quizás
te vuelva de nuevo a buscar.

Y ahora sé que un día veré San Cristóbal de nuevo a tus pies.
Volveremos a recuperar nuestras noches robadas al mar.
Mil luciérnagas nos bailarán.

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La Estraperlista

Todo se vendía, nada te guardabas.
Ellos te compraban, tú sobrevivías,
el hambre podía con todas tus ganas.
Pero te engañaron, ellos te traicionaron,
aquella pareja te dejó vender.
Y al llegar al tren, allí te esperaban:
“Lo sentimos mucho, nos quedamos esto y tú nos acompañas”

Junto a las mujeres, siete días encerrada.
Ellos no sabían qué era lo que hacían.

Y juntas bailaban, las otras cantaban,
días de peinados, secretos confesados.
Y luego contabas tus noches alegres,
entre los pasillos y al sol del patio.
Ellas tus hermanas y los demás nada.
Cuanto lo pensaste, qué buenos momentos.

Junto a las mujeres, siete días encerrada.
Ellos no sabían qué era lo que hacían.

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La Villana 

Neña, que sube la escalera
contando los pasos, quitándose un peso y dejando un amor.
Y cruje la madera, llorando un poquito en cada escalón.

Vas viendo el final, donde la soga espera,
mientras ellos gritan que por amarle pecaste y robaste.

Neña, sentada en un banco
dejando que miren de pies a cabeza y murmuren muy bajo.

Y miras tus manos, las juntas intentando pedir perdón.

Se les oye decir: “¡Quién te manda neña!”,
mientras ellos gritan que, por amarle pecaste y robaste.

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Maletas y billetes

Y así es como funciona, hay que hacer la maleta de invierno
ya vuelves más tarde a por el resto.

Y aquí todo queda quieto, los brazos abierto
y nuestra hondonada del viejo colchón.

Y ahora todo queda oculto tras viejas montaña
y bajo esa manta de lana blanca.

 Y desde aquí te diré que las cosas siguen siempre igual
y que esperan verte volver.

 Y así es como funciona, tendrás que comprarte un billete
lleno de kilómetros que te alejan de mí.

 Y a gritos te pediré que trates de ser la mejor
para que ellos te dejen volver.

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Pliegues

Su cuarto medía nada
apoyó su espalda en la pared
y buscó con sus ojos los pies
vestidos de lana

Descubrió que su cuerpo empieza tan abajo
donde no se oyen las palabras
donde la piel se hace piel sobre piel
para que no se sienta la tierra.

Ese era el momento para deslizarse
y su espalda descendía la pared
y su cuerpo se plegaba buscando desaparecer.

Convertido en un nudo el cuerpo
el aire se empezaba a escapar
y al salir huyendo por los poros
la podías oír cantar: “déjame escapar de este cuerpo arrugado”.